Entrevista: Ficción y No Ficción de Baradit

Jorge Baradit ha logrado instalarse en la vida de los chilenos como pocos escritores. Si alguien goza de colocar temas sobre la mesa –y en la sobremesa- es él. Todo esto gracias a su libro “Historia Secreta de Chile”, que ya tiene su tercera parte, la cual le pone fin a esta trilogía ponderada como la saga más vendida de este país.

Hoy, conocemos al escritor que habla de historia, específicamente, sobre No Ficción. Sin embargo, hay muchos que no olvidan sus relatos de Ciencia Ficción, de futuros apocalípticos, de pasados alternativos e historias de policías que viajan por el tiempo haciendo pagar crímenes que cometieron personas en otra vida.

Aquí una visión de estos dos mundos.

Se cierra un ciclo, termina esta trilogía, pero, ¿viene algo más en la literatura de No Ficción?

Yo creo que sí. Hay mucha presión por escribir más libros de ‘Historia Secreta de Chile’, pero habíamos dicho que era una trilogía, y no vamos a convertir esto en una ‘fábrica de empanadas’. Eso sí, es un tema que no voy a abandonar, quizás lo retome en un tiempo más, pero seguiré insistiendo en la No Ficción, ya que el tema de la identidad, de la historia, de la cultura, de la plurinacionalidad de Chile, es algo riquísimo que no está relevado popularmente o que por lo menos estas nuevas generaciones no lo tienen tan en la sangre como uno querría.

¿Sientes que quedó algo fuera de esta trilogía?

¡Muchísimo!, esta trilogía ni con mucho agota todas las posibilidades del concepto. Quizás el eufemismo por antonomasia está fuera, que es la pacificación de la Araucanía. También faltaron asuntos como las dictaduras de los 70’s en Latinoamérica, la Guerra Civil de 1891, todo el periodo de Alessandri e Ibáñez del Campo y un montón de eventos que no están.

¿Entonces cuál sería el tema de esta tercera parte?

Esta se trata más bien de grupos ‘invisibles’, como inmigrantes, gays, mujeres, obreros, esclavos negros e indígenas. La idea es poner en valor grupos que no han sido considerados como constructores ni protagonistas de la historia. Como este país habla desde sus instituciones, la historia parece contada desde La Moneda, los cuarteles militares y presidentes, y hay un grueso contingente de organismos sociales y dirigentes que no están, no aparecen.

Con todos los movimientos sociales que hay actualmente, se puede interpretar que existe un ánimo de “cobrar una deuda”, ¿crees tú que el éxito que has tenido desde el 2015, se deba a este ambiente, que también desea cobrar una deuda con la historia?

Es bien complicado hablar después del fenómeno; Es difícil decir hasta qué punto el libro mismo produce un efecto, o es un catalizador o un detonante. Pero, si se puede decir que la gente lleva rato con un ánimo de desclasificar. Quieren saber que hay detrás del poder, quieren saber del “milicogate”, de los que se robaron la plata durante los ochenta en la dictadura, del saqueo al Estado (del que habla María Olivia Monckeberg), o de la Historia Secreta de la Economía sobre que la escribió Carlos Tromben. Hay unas ganas de saber que hay detrás del poder, porque siempre hemos estado aislados de eso. Con las desclasificaciones de internet que hacen tipos como Julian Assange o Edward Snowden, se ha comenzado a saber cómo opera el poder; se empieza a saber cuestiones como que desde del año 2000 Norteamérica financió y creó al mismo Al Qaeda, y que habían incluso ayudistas internos; se comenzó a saber cosas como que Hillary Clinton también estuvo en contacto con terroristas que atacaron EE.UU. Debido a esto, las personas se han horrorizado y se ha asqueado con los manejos del poder, y empezaron a preguntarse, creo yo, sino nos han estado cagando de esta misma manera hacía atrás, y ahí es cuando aparece el interés por la historia, por desclasificarla. Pero también aparecen las ganas de dotar de carne a esos esqueletos que nos han estado vendiendo desde que somos niños. Todos esos personajes planos, esos Pratt, O’Higgins, Carrera, que son unas caricaturas que prácticamente nos inoculan en el colegio. Y todo esto ha hecho que nos preguntemos ¿de qué está hecho mi país, mi república, mi territorio?

¿Pero la idea central del libro lo publicaste con ese ánimo de “desclasificar” consiente del ambiente?

Lo que pasa con ciertas ideas, es que encarnan un interés personal que no se sabía que era general, entonces, en este caso, yo tenía un interés muy de ciudadano común de querer saber que había detrás de todos estos hechos y procesos históricos, que por lo demás están mal contados, y de resolver estas dudas que uno tiene; quería conocer el papel de José Miguel Carrera en la Independencia, por qué O’Higgins estuvo involucrado en la muerte de Manuel Rodríguez, y claro, cuando uno comienzan a indagar, empiezan a aparecer logias, sociedades secretas, terceros intereses, conspiraciones, y ahí uno encuentra un trasfondo mucho más oscuro. Lo que pasó con este libro, es que fue un detonante de un interés dormido, de un interés que no se sabía que existía, y cuando este libro se publica ‘le saca el dedo a la represa’ y provocó ese fenómeno”.

Se te conoce como un escritor de No Ficción, pero tú vienes del mundo de la Ciencia Ficción, sin embargo pareciera que tus mundos creados tienen mucho de la realidad.

La Ciencia Ficción es un ejercicio muy fuerte con el inconsciente, porque trabajas no con lo que se entiende por realidad, sino con los deseos, los miedos, los anhelos, las pesadillas. Estas trabajando con la materia de la que está hecho el inconsciente; el deseo de un mundo mejor y el miedo a un mundo peor. El punto es que cuando un escritor de Ciencia Ficción dibuja ese universo, inconscientemente aflora aspectos del propio. Cuando tú tienes que dibujar una sociedad del futuro, no puedes echar mano sino a partir de la que conoces, y proyectar, como en la psicología, miedos y perturbaciones. Y qué pasa, que al final el texto de Ciencia Ficción, termina teniendo más relación con la realidad que un texto realista. Yo veo la Ficción desde ahí, de la libertad absoluta de proyectar algo que no siempre se hace conscientemente, porque la Ciencia Ficción tampoco es un panfleto, sino que obedece en primer lugar a un deseo interior que termina por encarnan en un proyecto literario. Ya cuando está terminada la historia se descubre lo que uno dijo a modo de discurso, o alguien más lo hace.

En tus obras siempre hablas mucho de chamanismo, de tradiciones indigenistas, culturas ancestrales, ¿qué es lo que quiere transmitir Baradit con respecto a ello?

Relevar una cultura que está abandonada, que está dejada de lado. Mira, cultura es todo, es la expresión de una comunidad de todo tipo. Una forma de entender qué cosa es cultura y el valor que puede tener, es cuando de pronto la manera de cómo se pintaban letras en las micros cobró valor, y se convirtió en una forma de expresión incluso artística. En este caso, el chamanismo, las visiones mágicas religiosas, también. Estos temas para muchos se consideran supersticiones, el ‘lado B’ de una cultura, el lado indeseable, y sin embargo, son tan cultura como una canción de Violeta Parra o un cuadro de Roberto Matta. Me interesa que ese mundo, que refleja muy bien como somos, sea incorporado a una obra de la misma manera en como se incorporó el dibujo de letras de micros. El arte, y todo este mundo de chamanes y animitas al lado de la carretera, no es más que eso.

Ahora que vienen campañas y elecciones, y debido a que te has transformado en una figura con influencia, ¿te han llegado muchas propuestas para unirte a algún partido o participar en alguna campaña?

Me han llegado propuestas de distinta forma de participación, pero mi modo de participación política, es lo que estoy haciendo ahora y me parece que así está bien.

por Eduardo Córdova

Fotos: Rodrigo Fernández